¿Dónde forjaste tu pasión? – (Capítulo II) Elegí tu propia aventura

 

Para ponernos al día (Si te perdiste el Capítulo I):
En la primera entrega nos preguntamos ¿dónde forjaste tu pasión? y viajamos al origen de ese grito sagrado que nos une en cada gol: el que nace de la libertad, el potrero o la vereda, lejos del espectáculo comercial de plástico. Dijimos que ese «grito pelado» es un idioma universal que cada uno vive desde su propia historia. Leé la nota completa acá.

 

CAPÍTULO II: Elegí tu propia aventura (¿Qué camino tomaste vos?)

Por eso, hoy que la emoción sigue a flor de piel, te invitamos a elegir tu propia aventura de la infancia: Te mostramos algunos ejemplos en los que tal vez te reconozcas, pero si tus vivencias fueron diferentes, nos interesa mucho que las compartas.

CAMINO 1: El río, la caña de mojarritas y la bici. Para los que su libertad olía a agua de río o de arroyo. Esas tardes de pedalear sin rumbo con la latita de carnada, el corcho flotando y el silencio de la espera entre amigos. Si te criaste en la orilla, ¡este es tu lugar!

CAMINO 2: La casa de campo de los abuelos o de esa amiga. El crujir de las tranqueras, andar a caballo «en pelo», subirse a los árboles a comer fruta fresca directamente de la rama y tomar la leche con pan casero al caer la tarde. Si tu infancia tuvo olor a pasto seco y galope, elegí este destino.

CAMINO 3: El grito en la vereda, el «pan y queso» y la número 5. Para los que se criaron midiendo los pasos taco y punta, pidiendo grasa en la carnicería, esquivando al caballo del campito y volviendo a casa con las rodillas sucias. Si el potrero fue tu escuela, salí a defenderlo.

CAMINO 4: El elástico, la rayuela y el cordón de la vereda. Para las que dominaban la cuadra con una tiza en el bolsillo, saltando el elástico hasta el cuello, jugando a las escondidas cuando bajaba el sol o sentadas en el cordón compartiendo secretos. Si tu living fue la vereda, tu voto está acá.

CAMINO 5: Otros. ¿Tu infancia tuvo otra mística? ¿Fueron los techos, las hamacas de la plaza o las tardes de club? Elegí este camino y contanos tus propios códigos.

Contanos en qué barrio o pueblo viviste esa infancia. Y si querés, invitá a tus compañeros de aventuras para que sumen sus propias historias y le den más empuje a la propuesta de tu lugar.

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