Spinetta y el camino que dejó encendido

Difundilo con amor

 

Hay personas que no necesitan presentación. Explicar a Spinetta o contar quién fue no nos corresponde. Su vida y su obra exceden cualquier intento de explicación de nuestra parte. Hay presencias que preferimos honrar cuando nos dejamos atravesar por su arte y no cuando las encerramos en una definición.
Lo nuestro, simplemente, es agradecer el camino que dejó encendido.

“Si no canto lo que siento, me voy a morir por dentro”
— Luis Alberto Spinetta
Esa frase la entendemos no como una consigna artística, sino como una forma de vivir.

Cantar lo que se siente también es escribir, contar, animarse a decir quiénes somos y de dónde venimos. Es darle lugar a la voz propia y, al mismo tiempo, escuchar la de otros. Construir algo entre muchos, sin estridencias, sin disfraces, con verdad.

El camino que dejó encendido no es solo el de sus letras ni el de sus melodías.
Es una manera de pararse frente al mundo: con sensibilidad, con coherencia, con una fidelidad profunda a lo que se siente, aun cuando eso no sea lo más cómodo ni lo más rentable.

Es la idea de que la cultura no solo no se impone, se comparte y que el arte no solamente baja desde un escenario, sino que circula en su andar cotidiano.
Y que la belleza está en el brillo, pero mucho más en la honestidad del gesto.

Ese camino iluminado invita a animarse a decir, a escuchar, a crear sin pedir permiso. A entender que cuando una voz se expresa con verdad, habilita a otras. Y que ahí —en ese intercambio sensible— algo verdaderamente vivo empieza a existir.

Hoy celebramos el cumpleaños de Luis Alberto Spinetta y ese legado profundo: el de creer que la sensibilidad no es debilidad, que la cultura nace en lo cotidiano, y que cuando una comunidad se anima a expresarse, algo empieza a vivir.

Gracias, Flaco, por recordarnos que lo importante no es gritar más fuerte, sino no callar lo que importa.


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