Mi Padre protagonizó Don Segundo Sombra (por doña Consuelo Güiraldes)

Difundilo con amor

Introducción

Un libro que se escribe caminando

San Antonio de Areco no es solo un lugar: es una memoria compartida.
Un pueblo que fue tomando forma gracias a quienes lo soñaron, lo trabajaron y lo cuidaron antes que nosotros.

Este Libro Vivo nace para honrar a quienes nos dejaron armado este hermoso pueblo, y también recordarnos que ahora nos toca a nosotros transmitir nuestras tradiciones para que las nuevas generaciones encuentren un San Antonio de Areco vivo, contado desde adentro, con respeto, orgullo y verdad.

No es un libro terminado ni cerrado. Es un libro abierto, porque cada vecino es parte de esta obra. No como invitado, sino como coautor, porque la historia del pueblo pertenece a todos los que le dieron y le dan vida día a día: en los oficios, en los encuentros, en los gestos que se repiten y se vuelven identidad.

Estas páginas están escritas por quienes caminaron y caminan las mismas veredas, respiraron el mismo polvo y guardan en la memoria aquello que no figura en los archivos y comienza a tomar forma con dos voces que abren el camino: la de Luis Alberto Arias, vecino de San Antonio de Areco, que inicia este recorrido con su relato, y la de doña Consuelo Güiraldes, como alguien que heredó historias, sí, pero que sobre todo aprendió a escucharlas y que suma su memoria y su emoción a estas primeras páginas.

Un pueblo que se cuenta entre todos, es un pueblo vivo.


 

Mi Padre protagonizó Don Segundo Sombra

Soy Consuelo Güiraldes. El apellido que llevo está ligado desde siempre a la historia de San Antonio de Areco y a la de sus instituciones.
Desde que nací he estado rodeada de historias familiares que conservo como parte de una herencia que llevo con orgullo.
Una de esas historias tiene que ver con la filmación de la película Don Segundo Sombra y la elección de los artistas que trabajaron en ella.

Mi tío abuelo, Ricardo, es el autor de Don Segundo Sombra, una obra que retrata al gaucho como símbolo, como arquetipo de una manera de ser y de estar en el mundo. Una obra cargada de poesía, difícil de interpretar sin desvirtuar su esencia. Llegó al cine interpretada por enormes talentos como Lito Cruz, Héctor Alterio, Soledad Silveyra, Luis Medina Castro, por citar los que mejor recuerdo. Muchos vecinos de San Antonio de Areco, donde se filmó, participaron en varios papeles. Gente auténtica de campo se integró para realizar las tareas rurales que se mostraban y para interpretar la música surera que acompaña la cinta.

Una dificultad se presentó al momento de elegir al actor que iba a representar a Don Segundo. No se encontraba uno que lograra “hacer de gaucho”. En una de las reuniones que se hicieron para analizar el problema con el director Manuel Antin, alguien soltó una frase simple pero profunda:
-Es al revés. Tienen que buscar “un gaucho que haga de actor”-
Seguramente en ese momento intervino Alberto Lecot, estudioso de la obra güiraldeana, conocedor de la historia del pueblo y de su gente, quien propuso el nombre del gaucho que sin dudas era el indicado para protagonizar la obra con el agregado especial que en su juventud había llegado a conocer a Don Segundo ya que éste había trabajado en la estancia La Porteña, propiedad de la familia.

Ese gaucho era mi padre, Adolfo, sobrino del escritor. Así fue como él llegó a encarnar el protagonista de la novela, simplemente siendo como él era en la vida real, hombre de silencios justos, de mirada recta, de respeto por la palabra dada, conocedor del hombre de campo y de todas las actividades rurales porque él las practicaba diariamente. Esa persona sencilla y noble que yo veía cada día.

Yo también participé en esa película. Por casualidad un día concurrí al set de filmación como espectadora. En un momento se necesitó una voz de mujer para recitar unas palabras, me eligieron y aunque la actuación fue mínima, mi voz quedó inmortalizada en esa obra de arte como parte de la historia.

Hoy la película puede verse en Youtube. Ahí quedó el recuerdo vivo de mi padre, aunque con una barba que él no acostumbraba a usar y vestido con chiripá en vez de la típica bombacha de campo que usaba a diario. Simplemente representó su historia de vida, su forma de ser.

Y esta historia familiar que comienza con el escritor de una obra cumbre en la literatura argentina, como es Don Segundo Sombra, se completa muchos años después con el sobrino del escritor convertido en actor para representarla con fidelidad.

Con toda seguridad, en las mesas gastadas de los boliches del pueblo donde todavía se conversa sin apuro; en los talleres de orfebres y sogueros que conservan el oficio que aprendieron de sus padres o de sus abuelos; en los fogones que todavía convocan a los paisanos, se escuchen historias como ésta, que merecen ser conocidas como parte de una tradición que debe conservarse y guardarse.

Texto e imágenes: Gentileza de doña Consuelo Güiraldes El Sendero Güiraldes B&B

 


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